Lettera III
(J.Zagalaz, Miguel A. de la Linde, Yiyi Vega)

Ya conocemos estas callejas que recorre curioso un adolescente de viva mirada. Estuvimos paseando por ellas hace cuarenta años La villa está semiderruida, los pocos habitantes que albergaba o bien marcharon, o bien comulgaron con la decrepitud del lugar formando parte de su tierra. Cascotes de antiguos caseríos quedan a ambos lados del empedrado por donde Sócrates transita. Poco a poco deja atrás el pueblo donde todo comenzó, sigue caminando hasta un escarpado risco. Desde allí atisba todo el horizonte, el reino del Céfiro, que lo saluda cortés en un soplo de bienvenida despeinando el flequillo del muchacho. Sonriente y orgulloso, ha sido un largo trecho hasta allí, selecciona un pedrusco de su agrado para sentarse. Acomodado en la cima del mundo, resopla satisfecho. Tranquilamente saca un portátil de su mochila. Lo abre despacio, como si de un ritual iniciático se tratase, está algo nervioso. Finalmente, la pantalla se enciende e introduce la memoria USB… -Hijo mío- comienza el texto- la vida encuentra a la vida

La carta que escribo ahora es testamento de mi adiós
los sueños de un padre recorrer

La vida que lees ahora es documento de mi error
las sendas torcidas que crucé

El tiempo nos hace comprender la grandeza del perdón
pecados que anhelan perecer

La pena termina por ceder al sosiego de tu amor
el fin de esta historia puedes ver

Ten mis palabras, remanso de bondad
siente en tus huesos mi alma susurrar

¿Qué es “Rotta”? Un corazón que explota, el nudo del destino cortado por la voluntad, un dragón desdentado pero de aliento aun dorado. No importa el golpe hijo mío, ni la altura, porque hay fuegos en tu interior, fuegos que braman en el silencio, fuegos que ensordecen el desprecio. Recuerda que no hay amor imposible, doblégate cual junco al viento, confía y perdona, pero no olvides, porque lo que das a ti retorna, son reflejos en un espejo de valía. Tu valía, tu alegría, ese es mi bálsamo. He tenido el mundo a mis pies, sin ni siquiera poderlos mover, sin embargo te digo que no hay mejor reverencia que la humildad. Los fieles los serán por tu cariño, no hay coronas, ni cetro, ni armiño. Alcánzame el perdón y te serviré mi vida. Ya conoces mi verdad y mi error, mi altura y mi caída, mi ingenio y mi orgullo, mi amor y mi horror. Aprende a través de mí y descubre cuál es el sentido de la vida... ¡Vivir!

Ten mis palabras, contempla tu heredad
dejé entre versos mi alma suspirar

ROTTA

DISCO 2

DECIMA